Zona El Barco

Juanjo Artero: «A finales de diciembre hacemos un descanso en el rodaje de ‘El Barco'»


El actor reflexiona sobre la importancia de conservar la naturaleza como «legado que vamos a dejar a nuestros hijos»

El día amanece con niebla espesa en el monte que rodea a Boadilla, pero a medida que avanza la mañana, se transforma en un tenue velo blanquecino que da un toque peculiar al paisaje. Hay una luz de cuadro de Velázquez, comenta Juanjo Artero, mientras posa para la foto entre las encinas. Estamos a un par de minutos del casco urbano de Boadilla, pero el silencio, solo interrumpido por el relajante canto de los pájaros, nos transporta a otro lugar.

Tal vez un viaje en el tiempo, como sugiere Juanjo, a la época en que Goya pintaba vistas de Madrid a la orilla del Manzanares en la zona de las Vistillas. Y es que, efectivamente, este paraje natural, como El Pardo o la Casa de Campo, es una muestra de lo que debió ser Madrid hace apenas un par de siglos. Y entre los árboles, en medio de la neblina, bien podía aparecer algún bandolero, aunque lo que único que divisamos es un ciclista que pedalea despreocupado levantando bandadas de pájaros a su paso.

Por aquí pasea siempre que tiene tiempo con sus perros, una golden retriever, llamada Rita, a la que le gusta perseguir pájaros y conejos, y un west highland white terrier, una raza que de forma abreviada se conoce como westie.

A diferencia de Rita, los westies son perros pequeños y amigables, que no pesan más de once kilos y no superan los 30 centímetros de altura. Con mucho humor le ha llamado Yeti: «No da nada de miedo. Cuando le llamo la gente espera ver un perro muy grande y se ríen al verle».

«A finales de diciembre hacemos un descanso en el rodaje de «El Barco»»

Sin embargo, Juanjo se queja del poco tiempo libre que le deja su trabajo para disfrutar de la naturaleza, su gran pasión: «Es mi asignatura pendiente, porque no tengo tiempo, la echo mucho de menos y me apetece disfrutarla con calma». Y es que ha llegado a compaginar el rodaje de la serie «El Barco», con el teatro -«Historias de un karaoke»- y el cine -«No habrá paz para los malvados»-. Ahora tiene en perspectiva un merecido descanso, que piensa aprovechar: «Llevo mucho tiempo sin vacaciones, pero a finales de diciembre hacemos un descanso de quince días en el rodaje de «El Barco» y mi idea es perderme por alguna montaña, donde pueda caminar, llena de pinos, en algún pueblecito, sin coches, ni móvil. Es lo ideal para desconectar y cargar las pilas. Todo lo relacionado con la naturaleza me ha encantado desde niño, como la agricultura, el campo, ver una vaca, el olor de los pueblos… Es mi hobby, lo que más me gusta del mundo».

La carta del jefe indio Seatle

Elegir Boadilla del Monte como lugar de residencia no fue casual, le gustaba esta zona verde que conocía desde niño. «Y me parecerá mejor aún cuando pueda disfrutar de ella», bromea.

Cree que la próxima revolución por venir será la de la naturaleza. Y se lamenta de que a pesar de que somos la especie con mayor inteligencia del planeta, la estamos destruyendo. Y recuerda la carta que el jefe indio Seattle envió en 1855 al «gran jefe de Washington», que por aquel entonces era Franklin Pierce: «La tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurra a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra».

«La tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra»

Alaba esa sabiduría procedente de la naturaleza que muchos de nosotros lamentablemente hemos perdido. «Estamos al servicio del dinero, de la economía». Y pone un ejemplo: «En Alicante tengo tierras de mis abuelos llenas de almendros. Pero al estar en terrenos montañosos es más difícil recolectar los frutos que lugares más llanos. El turrón de Jijona típico de Alicante, se ha hecho siempre con almendras locales. Ahora sale más barato comprar las almendras incluso en otro continente, donde la recolección sea más fácil. Aunque el sabor no sea el mismo. Y esas almendras gastan combustible en el transporte, generan CO2, ensucian el ambiente y quitan puestos de trabajo locales. ¿Cuál es el beneficio que se obtiene a cambio? Unos céntimos de ahorro por cada kilo de almendra. Pero ¿quién piensa en el medio ambiente y en los perjuicios que esa práctica genera? El planeta no puede estar al servicio de la economía. Qué derecho tiene nadie a contaminar un río o a cortar el paso de un salmón», argumenta Juanjo, casi al borde de la indignación.

Como colofón a este Año Internacional de los Bosques, Juanjo Artero pediría como deseo «que encontremos formas alternativas de energía que no dañen el medio ambiente, y que nos permitan reducir los niveles de CO2. Porque la naturaleza es el legado que vamos a dejar a nuestros hijos y no tenemos ningún derecho a destruirla». Además, como decía el indio Seattle, «cuando destruimos a la naturaleza nos destruimos a nosotros mismos».

Fuente | Noticia adaptada por VAF para Zona el Barco.