Hasta el final del mundo » 03. Capítulo 3

Capítulo 3

Hace un mes que Julia se quedó embarazada, y en ese tiempo no ha habido ninguna complicación con la gestación. Aún así, Ricardo y ella han decidido no decirles nada a Ainhoa y a Valeria, por lo que pueda pasar.

En este mes que ha pasado, Ainhoa ha estado ocupada investigando la ciudad que hay en la isla para tener la mente ocupada y evitar pensar en Ulises. Julia le está ayudando. Le aconsejó que buscara a otro chico que le gustara, pero Ainhoa dijo que no podía hacer eso porque sería como traicionar la memoria de Ulises.

Julia está en el camarote, haciendo ejercicios del embarazo, cuando entra Ainhoa.

-¡Hola, Ainhoa! ¿Qué tal? -le pregunta la científica.

-Hola, Julia. Bueno, más o menos. ¿Y tú?

-Pues ya me ves, aquí, haciendo ejercicio. Dime, ¿qué necesitas?

-No, nada, simplemente venía a por mis cosas. Me voy a dormir a la habitación de las chicas para que mi padre y tú podáis estar solos.

-Pero si no hace falta -dice Julia.

-Que sí, Julia, que dentro de nada mi padre y tú querréis tener un hijo y yo no puedo estar aquí, que necesitáis intimidad.

-Ainhoa, hay algo que tu padre y yo no te hemos dicho, por seguridad -dice la mujer.

-Pero, ¿qué ha pasado?¿Es algo malo? -pregunta la joven, preocupada.

-No, que va. Para nada. Es algo bueno -le confirma la doctora.

-¡Qué bien! Pues dime.

-¡Estoy embarazada! -dice la doctora, alegremente.

-¿En serio? -pregunta Ainhoa, con una sonrisa. Es la primera vez que Julia la ve sonreír desde hace dos años.

-Sí. De un mes. Ricardo y yo no os lo queríamos decir a tu hermana y a ti por si acaso lo pierdo, porque los meses más vulnerables para el feto son los tres primeros.

-¡Enhorabuena, Julia! Tú te lo mereces, y mi padre también. A él le apetecía tener un hijo contigo desde que empezasteis a salir, pero lo veía muy precipitado, por eso se esperó hasta hace un mes para decírtelo.

-¡Qué bien! Yo también quería tener un hijo con él desde hacía mucho. Por cierto, es muy importante que no se entere tu hermana, por si acaso. No queremos que se ponga triste.

-Tranquila, Julia, si yo soy muy discreta.

-Ya lo sé, por eso te lo he contado.

-Me alegro mucho por ti -dice Ainhoa, sonriendo y cogiendo las manos de la doctora, y después la abraza.

En ese momento, Ricardo llega al camarote.

-Mi amor, te necesitamos en la enfermería. Tenemos un problema con Jae, la hija de Vilma y Cho.

Vilma y Cho habían decidido llamar a su hija Jae, un nombre coreano que significa “respeto”, ya que querían  que su nombre pronosticara su personalidad.

-En seguida voy, cariño.

-¿Pasa algo, que estáis las dos tan sonrientes?

-No, nada, simplemente que le he contado lo del embarazo -dice Julia-. ¿No te importa, verdad?

-Qué va, mientras no se entere Valeria me da igual. Ya sabes por qué, cariño -dice Ricardo.

-Sí, ya lo sé. Tranquilo que hasta dentro de dos meses no se enterará. No quiero que se ponga triste -dice la doctora-. Bueno, pues me voy a la enfermería.

-Vale. Voy contigo.

-Por cierto, ¡enhorabuena! -dice Ainhoa, antes de que la pareja salga del camarote.

El capitán y la doctora se dirigen a la enfermería, donde están Piti, Vilma y Cho.

-¿Qué le pasa a la pequeña Jae? -pregunta Julia, retirando el pelo de la frente de la niña y regalándole una sonrisa para que se relaje.

-Tiene vómitos y dice que le duele mucho la cabeza y la barriga -le explica la madre, angustiada por no saber lo que tiene su hija.

-Voy a hacerle pruebas, pero tiene aspecto de ser una gastroenteritis por algo que haya comido o una intolerancia a algún alimento, y el dolor de cabeza puede ser por haber fijado demasiado la vista. ¿Ha estado expuesta a alguna situación en la que haya tenido que fijar mucho la vista?

-No, que yo sepa no -dice Vilma.

-Bueno, no parece nada grave. Le voy a dar algo para el dolor y a hacerle pruebas y ya veremos cómo evoluciona, ¿vale? -dice Julia.

-Bien. Gracias, doctora -dice Piti.

Esa noche, quien se queda con la niña es Vilma, junto con la doctora, que tiene que estar de guardia. Jae está dormida, así que las dos amigas deben hablar en voz baja para no despertarla.

-¿Qué tal estás, Julia?

-Bien. ¿Y tú?

-Yo también. Muy feliz con mi familia, con mi hija y con mi marido, pero aún estoy un poco triste por lo que pasó con Ulises -dice Vilma.

-Y yo. Estamos todos igual. Es difícil recuperarse de la muerte de un amigo. No sabes lo difícil que le está resultando a Ainhoa olvidarse de él. Va por ahí todo el día triste y sola. Y Julián igual. Está fatal. No ha sabido cómo reaccionar. Le hubiera gustado que su hijo Roberto hubiera conocido a Ulises.

-Lo sé. He intentado hablar con Ainhoa en varias ocasiones, pero no ha querido saber nada del tema.

-Yo también he tratado de animarla muchas veces, pero no quiero que le resulte muy incómodo, por eso he pensado que lo mejor es hacer que mantenga la mente entretenida -dice Julia.

-Sí, estoy de acuerdo contigo. Hay que animarla y hacerla reír -dice Vilma.

-Ya. Y a De la Cuadra también. De eso se está ocupando Ricardo. Todos los días tienen una hora de tertulia en el puente de mando, en cubierta o en el comedor -afirma la científica.

-Bueno, ¿y tú qué tal?¿Que tal va ese embarazo? -pregunta la rubia, ahora más animada.

-Pues bien, aunque todas las mañanas me levanto con unas náuseas tremendas, y hoy además tenía los tobillos hinchados.

-Bueno pero eso es normal -le dice Vilma.

-Ya, pero es pronto para que pase. Normalmente ese síntoma aparece a partir de los tres meses -explica la doctora.

-¿Y qué tal con el capitán? -pregunta la rubia.

-¡Genial! Me he dado cuenta de que cada día estoy más enamorada de él. Y con las niñas me llevo muy bien.

-Yo creo que ellas te quieren como si fueras su madre -dice Vilma, con una sonrisa.

-Sí, yo también lo creo, y yo a ellas también las quiero como si fueran mis hijas.

En ese momento, Jae  se despierta y le vuelve a decir a Julia que le duele la barriga.

-Sí, cariño, ya lo sé. Te estoy haciendo pruebas -le dice la doctora-. Tómate esto y después te vuelves a dormir, ¿vale, preciosa?

La doctora le da a la pequeña un ibuprofeno de poca dosis y le canta una canción para que se duerma.

-¡Qué bien cantas, Julia! -dice Vilma.

-Gracias -dice ella, sonriendo-. Hice dos cursos de coro cuando era pequeña.

-Por cierto, gracias por cuidar de Jae -le agradece la alumna.

-Es mi obligación, Vilma -dice la científica-. Mira, ya tengo los resultados de las pruebas. Tu hija es alérgica a la lactosa. Deberías eliminar de su dieta los alimentos que contengan lácteos: mantequilla, leche, queso…

-¿Estás segura, Julia? No puede ser. ¿Qué le doy de comer si no puede ingerir lácteos? ¿Se puede morir? -pregunta Vilma, cada vez más nerviosa.

-Tranquila, Vilma, no se va a morir. Le puedes dar de comer carnes, pescados, huevos, muchas verduras y frutas y sopa.

En ese momento a Julia le entra una náusea.

-Discúlpame, tengo que ir al baño, Vilma. Tengo náuseas.

-Sí, sí, ve, tranquila. ¿Quieres que vaya contigo? -dice la chica, acariciándole el brazo.

-No hace falta. No te preocupes. Muchas gracias -le dice la doctora.

La doctora sale corriendo hacia el baño, y cuando está allí, llega Ricardo.

-¡Cariño! ¿Estás bien?

-Sí, sí, Ricardo, tranquilo. Sólo era una náusea.

-Creo que deberías irte a la cama. Sube a acostarte. Ahora voy yo.

-No, no, yo me tengo que quedar con Jae por si le pasa algo.

-Va a estar bien, Julia. Tú, en cambio, debes reposar mucho porque estás embarazada. Cariño, hazme caso y sube al camarote -dice el capitán, y le da un beso en la frente a su mujer.

La doctora se levanta con mucho cuidado y con ayuda de Ricardo, se despiden con una sonrisa y la chica se marcha. Cuando llega al camarote, se pone el camisón, se lava los dientes y se mete en la cama. Después de un rato dando vueltas, viendo que no se puede dormir, va a buscar a su marido. Por fin lo encuentra en el cuarto de las lavadoras. Julia avanza hacia el capitán con una sonrisa traviesa en la boca.

-Hola, guapo -le dice, susurrándole al oído, y abrazándole por detrás.

El capitán sonríe y se gira hacia la doctora. Sus labios se funden en un apasionado beso. Las piernas de la chica rodean la cintura del capitán. La pareja sigue besándose cuando, de repente, entra Piti.

-¡Ahí va! Lo siento, chicos -dice Piti, con una sonrisa.

-Tra… Tranquilo. No… No pasa nada -dice Julia, mirando al suelo.

El capitán se coloca detrás de su mujer, rodeando su cuerpo con los brazos, y la dirige hacia el camarote. Piti los mira mientras se alejan. Hacen muy buena pareja. Los dos son guapísimos, y seguro que, si algún día deciden tener un hijo, será guapísimo.

Cuando llegan al camarote, la mujer le dice a su marido, con una sonrisa, mientras este se pone el pijama:

-¿Por dónde íbamos?

El hombre se gira y comienza a besarla. Le encanta. Es perfecta. La mujer ideal. Cada minuto que pasa con ella es más mágico que el anterior.

Cuando se separan, la mujer se mete en la cama de nuevo y el capitán se va al baño a cepillarse los dientes. Al salir, Ricardo ve que su mujer ya se ha dormido.  Con mucho cuidado de no despertarla, se acuesta a su lado y se tapa.  Le acaricia el pelo un par de veces, la tapa bien para que no tenga frío y, antes de dormirse le da un beso en la mejilla.