Hasta el final del mundo » 02. Capítulo 2

Capítulo 2

El sol entra por la ventana del camarote. Ricardo abre los ojos. No hay nada mejor que despertarse con la mujer a la que ama abrazada a su cuerpo. La mira. Con esa luz está preciosa. Es la mujer más bonita del planeta. El capitán se siente feliz, esa noche ha sido mágica: han cenado genial, han bailado y, sobre todo, han concebido a su primer hijo. Ricardo acaricia la cara de su mujer. Es tan suave… Después toca con ternura su pelo y le da un beso.

Se levanta de la cama con mucho cuidado para no despertar a su chica, se viste, se pone la bata y se dirige a la cocina a preparar el desayuno para su doctora, porque quiere que ese día sea tan especial como la noche que acaban de vivir. Prepara tostadas y coge las vinajeras y la mermelada, porque a Julia no le gusta la mantequilla. Después hace un zumo de naranja y un café con leche para ella, y para él prepara un café sólo. Coge un kiwi de la nevera, lo parte en dos y lo pone en un plato con una cuchara. Lo coloca todo en una bandeja y se dirige a su habitación con la esperanza de que su mujer aún no haya despertado.

Afortunadamente sigue durmiendo, así que le da un beso en la mejilla y en ese momento ella comienza a despertar.

-Hola, guapo.

-Hola, princesa. ¿Qué tal has dormido?

-Genial. ¿Y tú?

-Muy bien, también. Mira lo que te he traído -dice él, poniendo la bandeja del desayuno encima de las piernas de la chica.

-¡Hala!¡Menudo desayuno! Cómo me cuidas, Ricardo.

-Lo hago porque te quiero, ya lo sabes.

Ella se incorpora y le besa. Es un beso tierno, suave y cálido. Ambos se dejan llevar y se deleitan con el sabor de los labios del otro. Al separarse, Julia coge una tostada, le pone mermelada de fresa y empieza a comer. Cuando ambos terminan de desayunar, la doctora se levanta de la cama y se va al baño a ducharse, se pone ropa limpia y sale.

-Me tengo que ir a la isla a seguir investigando sobre la ciudad que hay allí.

-De acuerdo. Yo he quedado con Julián para hablar.

-Anímale, que desde la muerte de Ulises está sin ganas de hacer nada y se pasa el día llorando. Cosa lógica.

-Vale.

-Luego te veo, cariño.

-Vale. Adiós, Julia. Te amo.

-Y yo a ti.

La doctora acaricia la cara de Ricardo y él cierra los ojos y le corresponde. Cuando ella sale del camarote a ambos les invade una sensación brutal de vacío. Les pasa siempre que no están juntos.

Al llegar a la isla, Julia se encuentra con Salomé, Estela y Vilma.

-Ey, ¿qué tal la noche romántica, eh, fiera?

-¡Perfecta! Me he sentido genial. Hemos cenado, hemos bailado, hemos bebido vino… O sea que muy bien.

-¡Qué guay! -dice Vilma.

-Oye, ¿y el asunto del niño?

-No sé. Supongo que habrá salido bien, pero no se puede saber hasta dentro de una semana.

-¿Y de dónde vas a sacar un test de embarazo?

-No lo sé. Pero supongo que una madre nota esas cosas, ¿no, Salo?

-Sí. Yo supe desde el principio que iba a tener un hijo, y ahora Robertito y Julián son las mayores alegrías de mi vida.

-Ya. Pero tengo miedo -dice Julia, algo triste.

-¿Miedo de qué?

-De perderlo. Me hace mucha ilusión tener un hijo con Ricardo.

-No lo vas a perder, Julia. Tú te mereces tener ese bebé y además vas a ser una madre de primera -le dice Vilma, sonriendo mientras le toca el brazo.

-¿Tú crees, Vilma?

-Estoy segura de eso. Además, va a tener muchos amigos: Jae, el pequeño Roberto, sus hermanas Valeria y Ainhoa…

-Exacto, y yo te voy a ayudar a cuidarlo -le dice Salomé.

-Gracias, amiga -dice Julia, abrazando a la mujer.

-Julia, ¿puede venir un momento al barco? Hemos descubierto algo sospechoso -la voz de Julián suena en el walkie de la doctora.

-Voy en seguida, Julián.

Julia coge la moto de agua y se encamina al barco, pero a mitad de camino sufre un mareo y se desmaya.

Al cabo de un cuarto de hora, el walkie vuelve a sonar:

-Julia, ¿viene ya o qué? ¿Julia?

-Cariño, ¿vienes ya? Julia… Julia, cariño, contesta, por favor. Juliaaaaaaa…

-Salomé, ¿has visto a Julia? -le pregunta Julián a su mujer a través del walkie.

-Sí. Ha ido al barco cuando la habéis llamado.

-Pues aquí no ha llegado.

La cocinera mira hacia el mar y ve la lancha en la que está la doctora.

-¡Julián, Julián, que Julia se ha desmayado en la lancha!

-¡¿Qué?! Vamos a por ella. Llevad la lancha a la isla y reanimad a la doctora, por favor. Ricardo está cogiendo una balsa salvavidas para ir hacia allá.

-¡Vilma, quédate cuidando de Roberto, por favor, que Julia se ha desmayado y hay que reanimarla! -dice la cocinera.

-¡¿Cómo?! Vale, vale, yo lo cuido -dice la alumna.

Salomé avisa a Piti, Palomares y Ramiro para que vayan nadando hasta la balsa de la doctora para llevarla a la costa. Una vez allí, Salomé y Vilma llevan a Julia a la cama que hay en la casa. Cuando llegan, la rubia va a la cocina, llena una jarra con agua fría y coge un trapo, lleva las dos cosas a la habitación y Salomé empapa el trapo en el agua y lo pone sobre la frente de Julia.

En ese momento Ricardo llega a la casa y se dirige a la habitación. Al ver a su mujer en ese estado se derrumba.

-Ricardo, tranquilo. Julia está bien. Se va a recuperar. Ha sido un mareo puntual -le dice Salomé, dándole un abrazo.

El capitán corresponde el abrazo a su amiga, y después coge la mano de Julia y le da un beso. Vilma continúa mojando la frente de la doctora con el trapo empapado de agua. En ese momento, la chica empieza a despertar.

-¡Cariño! ¿Estás bien?

-Sí. Ahora estoy bien. Es que me ha entrado un mareo y náuseas.

-Ya, ya lo sé. Te has desmayado en la lancha cuando ibas hacia el barco.

-Sí. Lo que no entiendo es por qué ya, tan pronto, si las náuseas no empiezan hasta que el embrión ha anidado en la pared del útero, y eso ocurre una semana después de la fecundación.

-Bueno, pero eso ya no importa. Lo importante es que ya estás bien y que yo estoy a tu lado, y siempre lo estaré.

-Gracias, cariño. Bueno, ¿qué era eso que me queríais enseñar? -dice ella a la vez que se levanta de la cama.

-Eh, tú te quedas aquí tumbada, cariño. Estás débil, no puedes estar todo el día de arriba abajo -dice el capitán, mientras retiene a su mujer del brazo.

-Pero no puedo hacer eso. ¿Y si alguien necesita que le atienda?

-No te preocupes, princesa. Si alguien necesita algo yo te aviso.

-Vale. Pero al menos dime qué es eso que habéis descubierto.

-Es Burbuja. Ha encontrado documentos secretos del Proyecto Alejandría, y durante la búsqueda se ha hecho heridas profundas en la cara, pero no son incompatibles con la vida.

-¡¿En serio?!

-Sí. Pero no te preocupes por nada. Me voy al barco a ver qué es lo que Burbuja ha averiguado. Tú quédate aquí y descansa. Luego vendré a verte y a traerte la comida -le dice Ricardo, con una sonrisa.

-Vale. Luego te veo -le dice ella.

A mediodía, Ricardo le lleva a su mujer un caldo de pollo y de segundo pescado con verduras.

-Gracias, cariño, pero me cuidas demasiado.

-“En la salud y en la enfermedad”, ¿recuerdas? Además, me gusta mucho cuidarte.

La pareja se besa y en ese momento un potente rayo de sol entra por la ventana. De esa manera parece que estén en una escena de película. Después del beso, el capitán decide echarse la siesta junto a su mujer.

Cuando se despiertan, Salomé, Vilma y Estela entran en la habitación para ver como se encuentra la doctora, y Ricardo las dejas solas.

-¿Cómo estás, Julia?

-Bien. Ahora ya bien.

-Por cierto, ¿qué prefieres chico o chica? -dice Salomé.

-Me gustan los dos, aunque yo siempre he querido que mi primer bebé fuera un niño, igual que a Valeria

-Yo al principio quería una niña, pero ahora estoy encantada con Robertito -dice Salomé.

-Pues yo no sé si quiero tener hijos -dice Estela.

-¿Cómo que no lo sabes? Si es lo mejor que te puede pasar -le dice Vilma a su amiga.

-Yo siempre he querido, desde pequeña. Durante mi infancia les daba el biberón hasta a los muñecos de mis hermanos -dice la doctora, esbozando una sonrisa al recordar su infancia.

Las cuatro amigas se ríen, al unísono. En ese momento, Ainhoa entra en la habitación junto a Palomares, Piti y Cho.

-¿Cómo estás, Julia? -pregunta Ainhoa, muy seria.

-Bien, ahora ya bien.

-Menudo susto nos has dado, eh -dice Palomares, acariciando con cariño el hombro de Julia.

-Ya -dice ella, y dirigiéndose a Ainhoa pregunta-. ¿Tú que tal estás?

-Bueno, nosotros os dejamos para que habléis solas -dice Piti, y sale de la habitación junto con Salomé, Estela, Vilma, Palomares y Cho.

Julia mira a la hija mayor del capitán, a la que le resbala una lágrima por la cara. La doctora acaricia el pelo de la chica.

-Mal. Estoy mal. Sólo puedo pensar en que no le pude decir a Ulises que le quiero, y que siempre le querré. Hace dos años que murió y cada día le extraño más. Mi vida está vacía sin él.

-Te entiendo, Ainhoa. Yo también sigo triste por lo que pasó, porque también le quería mucho. Pero tienes que tirar para adelante, la vida sigue. Tienes que buscar a otra persona que te quiera.

-Ya, Julia. El problema es que no creo que nunca encuentre a nadie que me haga sentir lo mismo que él. Ulises era todo mi mundo, y ahora ya no está. Todo por culpa de ese gilipollas de Gamboa. Ya no tengo a nadie que me quiera.

-¡No digas eso ni en broma, Ainhoa! Sí que tienes a mucha gente que te quiere. Me tienes a mí, a Valeria, a tu padre, a Salomé, a tu tío Julián y a todos tus amigos. Todos nosotros vamos a estar siempre a tu lado, para todo lo que necesites.

Las dos chicas se abrazan.

-Julia, te quiero mucho -dice Ainhoa.

-Y yo a ti, Ainhoa, tanto como si fueras mi hija.

En ese momento, Valeria entra en la habitación con su padre. Ya está toda la familia junta.

-Hola, Julia. ¿Cómo estás? -dice Valeria, acercándose a la cama.

-Hola, pequeña. Bien. Ahora ya bien.

-Creía que te ibas a morir -dice la niña, triste.

-No, cariño, ¿cómo me voy a morir? Sólo ha sido un mareo tonto.

La pequeña Valeria abraza a la doctora, y la familia al completo se queda hablando de los momentos que han vivido durante esos tres años y medio desde que se conocieron. Cada vez que evocan un recuerdo en el que aparece Ulises, Ainhoa se pone triste, cada vez más, pues jamás va a volver a ver al chico del que ha estado enamorada durante tanto tiempo.