Capítulo 2

Julia había pasado la tarde en enfermería trabajando para tener la mente ocupada y relajarse antes de su cita con Ricardo.
Ya eran las ocho y media así que emprendió el camino a su camarote, con una sonrisa de oreja a oreja, para arreglarse. Y como no, precisamente se topó con la tropa marujeo: Salomé, Vilma y Estela, la doctora sabía perfectamente que ahora era la parte del interrogatorio.

-¡Pero bueno! ¿Dónde vas tan feliz si se puede saber? -Preguntó divertida la cocinera.

-Seguro que va a ver a su queridísimo capitán… – Contestó con un tono burlesco Vilma.

Pero por mucho que la chinchasen Julia seguía igual de feliz. ¡Nada le iba a estropear la noche! Y decidió darles la contestación que esperaban todas y marcharse.

-Pues iba a mi camarote a arreglarme para mi cita con Ricardo. Y me iré antes de que empecéis a decir tonterías. -Finalizó y siguió su camino.

Lo que ella no sabía, era que las mujeres habían ayudado al capitán a organizar esa cita que, esperaban, sería perfecta.

Ricardo llamó a la puerta, dos golpes ni uno mas, ni uno menos. No quería parecer ni ansioso, cosa que estaba, ni completamente relajado.

Julia abrió la puerta, dejándolo anonadado.

Estaba realmente guapa con un vestido azul marino, no muy oscuro, que le llegaba un poco por debajo de las rodillas y que marcaba sus curvas, pero el capitán tampoco se quedaba atrás con su traje negro y esa camisa blanca tan impecable.

-Julia está… preciosa -Decía intentando recuperarse de tal belleza.- Con esas tres simples palabras ya consiguió sonrojar a la doctora.

-Muchas gracias. Tu también estas muy atractivo.- El capitán ofreció caballerosamente el brazo a la doctora. Aunque solo fueran unos cuantos metros de distancia entre los camarotes quería que la cita fuera perfecta desde el primer segundo.

Antes de entrar en el camarote Ricardo se puso detrás de Julia y le tapó los ojos con sus manos consiguiendo que la doctora se sorprendiera.

-¿Que haces? -Le preguntó la doctora entre risas hablándole de tú, después de tanto tiempo.-

-Es que me ha costado mucho arreglar el camarote… y bueno… quería sorprenderte. – Terminó de hablar y le destapó a Julia los ojos.- ¿Te gusta?

-¡Madre mía que bonito! -La mujer pudo ver como el camarote estaba lleno de rosas por todos lados y completamente iluminado por velas -¿Has hecho esto tú solo?

-Bueno… En realidad Salomé me ha ayudado un poco… Pero la idea ha sido mía eh…

-Pues… -La doctora empezó a acercarse a Ricardo hasta estar a pocos centímetros de él. -Me encanta.

Sus alientos se podían mezclar, sus labios estaban a punto de chocar. Hacía tantísimo tiempo que no se besaban, tanto tiempo sin probar el sabor de los labios del otro…

-*Ricardo ven con la doctora a cubierta cagando leches.* -La voz de Julián sonó a través del walkie.-

”No justo ahora no.” Fue lo que pensaron los dos a la vez. Esa cita tendría que aplazarse para otra ocasión, y el beso también tendría que esperar.