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El Barco: Cuatro meses de aventura cargada de peligros, misterios y descubrimientos


Hace cuatro meses, el buque-escuela Estrella Polar partió un caluroso día de verano. 42 personas dieron su último paso en tierra y entraron en el navío, despidiéndose de sus familiares con un amargo sabor de boca. Solo serían dos meses de travesía; dos meses en los que se especializarían con el mundo marino, la supervivencia y el territorio al que se enfrenta un barco: el impredecible océano. Ese era el plan para aquellos 60 días… Todas y cada una de las personas que aquel día se embarcaron en el Estrella Polar esperaban de ello una experiencia inolvidable sin sospechar que el futuro les presentaba una aventura inigualable, única y que lo cambiaría todo.

 

“No quiero que este viaje se acabe nunca” deseaba Valeria, la hija del capitán, cuando la tierra quedó atrás. Seguro que no esperaba que sus esperanzas estuvieran bien relacionadas con la realidad. De forma inesperada para los habitantes del planeta, un fallo en la puesta en funcionamiento de un acelerador de partículas en Ginebra provocaría una onda expansiva que modificaría el mundo, sumergiendo cada centímetro bajo el mar, perdiéndose en el camino billones de vidas.

El fallo, que llegaría en forma de tormenta, asolaría al Estrella Polar en su día de partida, pero la rápida actuación de Julia, doctora y bióloga marina, supondría su salvación. A partir de esa noche, el mundo, tal y como lo conocían, dejó de existir. 

Por más radical que supusiese el cambio en el mundo, despojaría a los tripulantes de sus familias y amigos, haciendo, así, de los desconocidos con los que dormían esa familia, forjando lazos inquebrantables, dandose la mano los unos a los otros y construyendo una fortaleza a su alrededor, formando de cada amistad y relación, una historia increíble. Y consecuentemente, aprendiendo a valorar lo que de verdad importa: Las personas, no lo que llevan encima.

 

“Estamos todos en el mismo barco, así que si uno tiene un problema el problema es de todos”

En un principio, nadie se esperaba el cambio. Que la tierra desapareciese debía de ser algo chocante e increíble, pero en el Estrella había gente que conocía perfectamente la situación: Julia, en primer lugar, partícipe del Proyecto Alejandría, el cual llevaba a cabo la planificación del acelerador; Gamboa, profesor de supervivencia, quién tuvo que matar al primer profesor para suplantar su identidad. Era, además, el compañero de la doctora Wilson en el Alejandría; y Burbuja, apodo que suplanta su nombre original, Roberto.

Un hipotético accidente del que más tarde supimos que provocó Gamboa junto a otra persona le dejó una burbuja en el cerebro, borrándole la memoria y convirtiéndole en la persona que hoy día es, esfumando todo rastro de aquel Roberto que intentó evitar el cataclismo y preparó 7 barcos con unos elegidos para que estos se salvasen.

Todos ellos sabían de la existencia del cataclismo y se embarcaron siendo conocedores del final del planeta. Sin embargo, es probable que no sospechasen hasta que punto la desaparición del planeta les pondría en peligro.

“Ahora que nada de eso existe, es cuando damos su auténtico valor a las cosas que no cuestan dinero”

Las bestias que habitaban en el fondo del mar emergieron al calentarse el núcleo terrestre haciendo de las frías temperaturas algo ardiente e insoportable para su permanencia; los aviones que se encontraban en pleno vuelo hallaron un trágico final en el agua al no hallar tierra sobre la que aterrizar; aves, hambrientas, también fueron sorprendidas mientras sobrevolaban el mundo por lo que el Estrella significó su único punto terrestre sobre el que posarse, amenazando la vida de todos los tripulantes.

Montañas y volcanes submarinos, terribles torbellinos, nieblas infecciosas. Todos y cada uno de los peligros se sucederían, uno tras otro, recordándoles que ahí fuera les esperaba lo desconocido. La lista seguiría aumentando con el paso de las semanas: Huracanes, bancos de algas, cascadas abisales, tormentas eléctricas, tsunamis, terremotos.

Desastres naturales que cambiarían sus vidas, transformándoles por dentro y por fuera y poniendo en riesgo la supervivencia del Estrella Polar. ¿Pero era la naturaleza su mayor enemigo fuera del barco?

“Hoy podemos rendir homenaje a todos los que perdieron la vida en la catástrofe. Hoy celebramos el funeral de la humanidad para seguir adelante. Empezaremos de nuevo sin ellos pero no los olvidaremos jamás”

Pronto esta pregunta halló respuesta: No. Ahí fuera hay más gente. Otras 6 simas dispuestas a salvar 6 barcos el día del cataclismo; un rascacielos que superó el nivel del mar; una estación espacial desconcertada ante la desaparición; un submarino entero que les enviaría falsos supervivientes que en realidad escondían una falsa identidad bajo su máscara de náufragos. ¿Por qué tener enemigos si las personas vivas en el planeta son escasas?

El precio es demasiado alto: El último trozo en pie del planeta estaba ahí fuera, en alguna parte, y el Proyecto Alejandría ansiaba dar con él antes que cualquier otro barco. Toda una carrera contrarreloj por sobrevivir y por el nulo interés de ceder la tierra a más supervivientes del cataclismo.

A día de hoy, el Estrella Polar ha dejado los únicos metros cuadrados de tierra firme hasta entonces para proseguir su travesía. El motivo es coherente: Poseen las coordenadas de tierra, aquella que llevan buscando desde que supieron que la tierra no estaba esperándoles al final del viaje.

El trayecto está a punto de tocar su fin, pero quizá el paraíso que esperan encontrar no sea tan idílico como se lo imaginan. Sí, se merecen un final feliz. Pero no ahora. Aún el Estrella Polar nos tiene mucho que mostrar… Ya lo dijo Valeria: “No quiero que este viaje se acabe nunca”

“También era imposible sobrevivir a la tormenta y aquí estamos, más de un mes a la deriva viviendo historias imposibles”