Dos años después » 4. Capítulo 4

Capítulo 4

Estela estaba preparándose para ir a clase de equitación. A ella le gustaban los caballos, incluso tuvo un novio que montaba en uno, pero su padre… su padre lo mató. Al principio no sabía la razón que le llevó a hacer eso y meterla al Estrella Polar, pero pronto lo descubrió. ¿Por qué la protegió metiéndola en aquel buque-escuela si después no quiere saber nada de ella? No es que quisiera estar con él después de matar a su novio y destruir más de la mitad del mundo, ¡pero es su padre! ¿Tiene el corazón tan negro que ni si quiera es capaz de querer a su hija? De camino a clase, recuerda la última vez que lo vio.

– Flashback –

Ernesto se había ido, su padre le había mandado que fuera a matar a Ulises si quería estar con su hija. Pero, ¿por qué a Ulises y no otra persona? Y, ¿por qué le quitaron a su hija? Alexander estaba esperando a que viniera Roberto por algo de una carpeta roja que ella desconocía totalmente. Decidió ir a hablar con él para pedirle explicaciones sobre lo que estaba ocurriendo, aunque sabía perfectamente que no iba a servir de nada.

–¡Eh, tú! ¿A dónde vas?

Estela se dio la vuelta. Se dirigían a ella. Era uno de los hombres de su padre apuntándola con una de las vete a saber cuántas pistolas que rodeaba el Estrella Polar.

–Yo… Sólo… Sólo quiero hablar con mi padre. Déjame, por favor. No me hagas daño.

Víctor, presente en aquella escena como tantos otros, le hizo un gesto para que bajara la pistola y él obedeció. Después, se dirigió a Alexander, se acercó a él y parecía decirle algo al oído, el padre de Estela la miró y segundos más tarde afirmó con la cabeza. A continuación, Víctor fue donde ella estaba.

–Tienes cinco minutos para hablar con él. No intentes nada, ni escapar ni tan siquiera agredir a ninguno de los que estamos en esta sala. Si no, te va a salir todo muy caro.

Estela, al escuchar las palabras de Víctor afirmó con un movimiento de cabeza y se fue directa a su padre lo más rápido posible para no desaprovechar ni un solo segundo de esos cinco minutos que le ha dado Víctor, pero tampoco quitando de vista a todos los que estaban a su alrededor.

–Hola, hija.

Mientras decía esto, Alexander le iba a acariciar la cara a  Estela. Pero tan solo el roce, ella lo esquivó y le salió un hilo de lágrima. Esta se lo limpió y continuó hablando.

–Yo no soy tu hija. Ni tú tampoco eres mi padre.

Alexander sacó una media sonrisa, pero pronto la borró de su rostro. Estela, al ver que no recibía respuesta de ningún tipo y parecía que su padre no se inmutaba ante tal comentario, decidió seguir por otro camino.

–¿Por qué estás haciendo esto?

–¿El qué?

–¿Cómo que el qué? Todo esto. ¿Qué es lo que pretendes? Ya has destruido parte del mundo y ahora vienes a por nosotros. ¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que contenía esa carpeta roja? Si te la hubieran dado, ¿nos hubieras dejado libres? No respondas, creo que ya se la respuesta.

–Estela, hija…

–Te he dicho que no me llames hija. No quiero ser hija tuya ni que tú seas mi padre.

–Está bien.

Tras estas últimas palabras, Alexander sacó una pistola y apuntó a la frente de la chica y, a continuación, todos los hombres y alguna mujer presentes hicieron exactamente lo mismo, pero el primero hizo un gesto para que bajasen todos las armas. Después se limitó a hablar, mientras Estela derramaba lágrimas.

–Tú no eres ninguna elegida para este proyecto. Estás aquí solamente por ser mi hija. Deberías agradecerme a mí, aunque no quieras, que estés viva. Si quieres, puedo matarte ahora mismo y estar como las otras personas que no sobrevivieron al cataclismo, como deberías de estarlo tú también. ¿Quieres, Estela? Tú decides. Si quieres seguir siendo mi hija, no morirás. Pero si vuelves a enfrentarte a mí diciendo que no soy tu padre, acabarás como los que no son mis hijas.

Mientras decía esto, Estela estaba llorando. Finalmente, Alexander bajó la pistola y Víctor la cogió para llevársela de allí. No quería seguir siendo su hija, pero tampoco acabar muerta.

– Fin del flashback –

Estela se derrumba mientras llega a escuela de equitación. Definitivamente, sí, su padre tiene el corazón tan negro que podría matar hasta su propia hija.

Minutos más tarde, Estela llega por fin a clase de equitación. Allí la estaba esperando Marco, su profesor.

–¡Por fin! Pensaba que no llegabas.

–Sí, lo siento. Me he retrasado un poco.

–No te preocupes, tranquila.

Estela se acercó a darle dos besos, pero Marco la mira extrañado.

–Estela, ¿estás bien?

–Sí… estoy bien, ¿por?

–No sé… Te noto… Te noto decaída.

–Ah… no pero estoy bien.

–¿Seguro? Si quieres aplazamos la clase.

–Seguro, seguro. Vamos.

–Está bien.

–Eh… Voy a cambiarme, ¿vale?

–Perfecto, aquí te espero.

Estela va a un cuarto que hay cerca de los circuitos donde pronto correrá con Napoleón. Es su caballo favorito. Desde que lo vio, se enamoró de él. Es un caballo negro y de mediana edad. El primer día que fue a las clases de Marco, éste le dijo que escogiera al que quisiera y Estela eligió a ese, del cual no se ha vuelto a separar.

Estela sale en busca de Marco y Napoleón, pero ve a un caballo totalmente diferente al que recordaba.

–Te presento a Troya.

Troya es un caballo muy parecido al que tenía días antes de embarcar en el Estrella Polar, lo que hace recordar lo que hizo su padre.

–Estela, ¿seguro que te encuentras bien?

–Sí, seguro.

–No tienes buena cara. Si quieres podemos dejarlo para mañana, no me importa.

–No, tranquilo Marco, quiero hacerlo hoy.

–Está bien, está bien.

–¿Y Napoleón?

–Napoleón está algo enfermo, no quiero sacarlo hoy por si se pone peor.

–Ah…

Marco se pone a explicarle a Estela los cuidados que debe de tener con este caballo, ya que es algo más joven que el otro y debe de tener más cuidado, porque a poco que haga se puede poner más nervioso, podría ocurrirle algo a ella.

–¿Lo tienes todo claro?

–Clarísimo.

–Pues venga. ¿Te ayudo a subir?

–No, puedo yo. Estos días con Napoleón lo hacía yo sola, ¿recuerdas? Creo que con Troya también podré.

Estela, con mucha confianza, fue a montarse al caballo, pero con una mala pisada se resbaló y se cayó haciendo que el caballo se asustara y casi saliera corriendo si no es por Marco, que estaba al lado y pudo cogerlo antes de que se fuera más lejos.

–¡Ay!

–Estela, ¿estás bien?

–Sí, creo que sí. Eh… ¿Podrías ayudarme a subir, por favor?

–Venga.

Estela se levantó, mientras Marco le acercaba el caballo. Después, él la ayudó a sentarse sobre el animal y a continuación echaron a andar.

–Ten cuidado, Estela. No hagas cambios bruscos de direcciones ni te muevas mucho. El caballo puede ponerse nervioso y puedes salir perjudicada.

–Que sí, que sí. Tranquilo.

Minutos después, Estela ya había andado unos cuantos  metros y se estaba alejando demasiado de Marco. Éste la avisó para que diese la vuelta y fuera por donde estaba él, no fuera a ser que el caballo le diera por hacer algún movimiento peligroso para ella. Entonces, ella intentó que el caballo girara hacia el otro lado cogiendo las riendas, pero tiró bruscamente, lo que hizo que el animal se diera la vuelta muy rápido. Estela no se esperaba que el animal hiciera eso, y sin querer, se soltó lo que hizo que se cayera y se diera un fuerte golpe en la cabeza.

–¡Estela! ¡Estela!

Marco fue corriendo donde ella se encontraba. Estela estaba inconsciente. Tenía pulso, lo que significaba que no estaba muerta, pero le iba muy lento. No respondía a las llamadas del chico. Marco la cogió y se fue rápidamente a casa de Julia, ella sabría qué hacer.

Un rato después, Marco llega a casa de Julia y con Estela entre los brazos. Le cuenta lo ocurrido y van directamente a la consulta del Estrella Polar. En la ciudad no hay ningún hospital, y el que había quedó destrozado e inundado a causa del cataclismo. La mitad de aquella cuidad estaba totalmente destrozada, y la otra mitad quedó totalmente intacta. Desde que llegó Julia, decidió que la consulta sería esa. Excepto para algunos casos en que cada familia tiene en sus casas sus propios botiquines de primeros auxilios.

Al llegar, Julia le hizo diversas pruebas, le puso una vía y unos cables dentro de la garganta que, aunque parezcan muchos, todos hacen la misma función: hacer que a Estela le llegue aire a los pulmones. También le puso cuatro puntos en la cabeza. Justo antes de caer, se le cayó el casco. Por lo que pudo ver Marco, no lo llevaba bien sujeto. Tendría que haberle hecho caso: descansar y ya montaría al día siguiente. Pero Estela estaba hoy muy cabezota y algo despistada. ¿Qué le ocurriría? Ahora ya es tarde, está en coma.

–¿Cuándo despertará?

–El golpe no ha sido tan fuerte por lo que puedo observar, aunque ha sido lo suficiente para que haya entrado en coma. No es tan grave como parece. Si las cosas no cambian… despertará en unos días.

–¿Y si no despierta?

–Si no despierta… no lo sé. Esto no es una ciencia exacta.

–Entonces, ¿cómo sabes que despertará en unos días si no es una ciencia exacta?

–Estoy hablando en el caso de que no empeore y todo vaya favorablemente, Marco. Hay que ser positivos, no todo lo contrario.

–Vale, está bien. Te creeré.

–Gracias. Por cierto, estoy pensando en hacer turnos de seis horas para quedarnos con ella por si hay algún problema o por si se despierta. Hay que avisar por lo menos a…

–No, no avises a nadie. O bueno sí, avisa para que lo sepan. Pero me quedo yo.

–¿Seguro? ¿No estás cansado?

–Seguro. Se ha caído por mi culpa y quiero quedarme.

Julia aceptó y Marco se sentó en una silla que había al lado de la camilla junto a Estela. ¿Se despertará o se quedará en coma para siempre?