Dos años después » 2. Capítulo 2

Capítulo 2

Piti salía de casa y se dirigía a casa de Alejandra, ya que el día anterior habían quedado para pasar la mañana en la playa.

Alejandra es una chica mexicana que vivía en aquella ciudad. Cuando los tripulantes del Estrella llegaron allí y vieron que la gente era de confianza, Piti empezó a querer conocer a esa gente. Entre esas personas estaba Alejandra. Le recordaba mucho a Sol. Si no fuera porque es un poco más bajita y algo pelirroja, diría que había sobrevivido en el mar y llegado hasta allí de alguna forma.

Piti llega a casa de la chica, pero no le da tiempo a llamar a la puerta cuando ella sale de la casa.

–¡Ey! Hola, Piti.

–¡Hola! ¿Qué tal? ¿Nos vamos?

–Claro, si tú quieres. Yo ya estoy lista.

–Pues yo también. Vámonos.

–¿Qué tal dormiste?

–¿Qué que tal he dormido?

–Sí, ¿nunca te preguntaron que qué tal dormiste?

–No. Bueno, mi madre me lo preguntaba hasta que tuve dieciséis años, que empecé a salir de fiesta y me iba a la cama a la vez que otros ya se levantaban.

–Ja,ja. No me refiero a eso. Me refiero a amigos o alguna novia que hayas tenido.

–No. La verdad es que no.

–Nosotros nos preocupamos mucho por nuestras amistades y, si necesitan o les pasa algo, los amigos estamos los primeros para levantar ánimos.

–Entonces, si, he dormido bien. ¿Y tú?

–Yo bien, también. Gracias

Llegaron a la playa entre bromas y risas. Ahí se encontraba Vilma jugando con su hija Haeri con cubos y palas.

–¡Mira, Haeri! Ahí viene Piti

–¡Pequeñaja!

Cuando bautizaron a Haeri, Vilma eligió a Ainhoa y a Piti como madrina y padrino de la niña. Ellos aceptaron encantados y Vilma nunca se arrepintió de haberlos elegido a ellos.

–Oye, ¿y Cho?

–La pequeñaja anoche no se dormía y se quedaron los dos en el salón a ver si la peque se dormía. Al final se durmió pero a Cho después le costó conciliar el sueño y ahora estaba que no podía casi ni caminar del sueño. Y la peque se volvió a despertar y por no molestar en casa jugando nos vinimos a jugar aquí, y de paso a refrescarnos.

–Oye, chicos, muero de calor. Voy al agua ya, ¿vale?

–Vale, Ale. Me quedo un rato con Vilma y después voy yo.

–Perfecto.

Alejandra dejó sus cosas en la arena, se desvistió y se fue al agua. Mientras hacía todo esto, Piti la estaba mirando y Vilma se dio cuenta. Ésta, cogió uno de los cubos con los que no estaba jugando Haeri y se lo pasó a Piti.

–Piti, toma.

–¿Me das el cubo? ¿Vas a meterte en el agua?

–No, no es por eso.

–¿Entonces?

–Para que eches ahí todas las babas que echas mientras miras a Alejandra.

–Pero, ¿tanto se me nota?

–Sí, Piti. Un montón. Todavía me extraña que ella no se haya dado cuenta de que la atraviesas con los ojos. Y si se ha dado cuenta, se está haciendo la tonta.

Piti suspira y se sienta al lado de Vilma, los dos se miran pero el vuelve la mirada al frente y la baja.

–Piti, si tanto te gusta, ¿por qué no le pides que sea novia tuya?

–Porque no quiero fastidiar la relación de amistad que tengo con ella.

–No vas a fastidiar nada. En este tiempo has cambiado, pero para bien. Ya no eres el mismo idiota que se quería tirar a todas las tías en cuanto le rozaban.

–Pero tengo miedo

–¿Miedo? ¿Desde cuándo tienes tú miedo a este tipo de cosas, Piti?

–Nunca, pero tengo miedo de que diga que no y la pierda como amiga.

–Ya, ¿pero si dice que sí?

–Pues genial. Pero no sé qué decirle.

Vilma se queda pensativa y se le ocurre una idea para ayudar a su amigo

–Ey, tengo una idea.

–¿Cuál?

–Tú ayudaste a Cho para que me pidiera una cita y estuviéramos juntos. Y estoy segura de que Cho estaría dispuesto a ayudarte.

–¿Estás diciendo que Cho le diga a Alejandra que me pida una cita?

–Sí, algo así.

Piti la abrazó y le dio las gracias por ayudarle. Después, estuvieron jugando con Haeri con las palas y los cubos y Alejandra se les unio a ellos, pero finalmente los tres se dieron un último baño de la mañana en el mar.