Zona El Barco

Bitácora del Estrella Polar 3×13: Capitanea como puedas


Como todos los lunes, os traemos una nueva entrega con las aventuras del Estrella Polar contadas desde el peculiar punto de vista de Andrea (del blog Epic Us) con su cuaderno de bitácora.

Tras un episodio un poco “meh”, El barco ha vuelto con un episodio bastante molón o, al menos a mí, me ha parecido súper entretenido… y algo traumático… Sí, los flashbacks me han matado un poco, aunque también me ha gustado. Complicado, lo sé. Hala, voy a dejar de divagar y vamos con la crónica que, como siempre, va por tramas.

Empiezo con la parte de Julián, ya que ha sido una de las tramas independientes. El Tito está en plan Qué bello es vivir. Vamos, que está en una playa paradisíaca, en bolas y decide ponerse en plan intercambio psíquico con el walkie (por si le escucha Tonteo), cuando habla sobre sus problemas con la autoridad y eso le hace recordar.

Hace mucho tiempo, cuando El Tito era sólo un grumetillo… Vale, eso me lo he inventado, pero es que queda guay contarlo en plan cuento. ¿Por dónde iba? Ah, sí, El Tito era un joven grumetillo, al lado de su futuro marido, escuchando divagar a la versión yaya de Richard Gere en Oficial y caballero. Tras el sentido discurso pre-jubilación, nombra como nuevo capitán del Estrella Polar a… ¿Ricardo? ¡Pues no! ¡Nombra al Tito, para su sorpresa! Para la mía la perilla y, bueno, también el nombramiento. El Yayo-Capitán le da un consejo en plan Gandalf, mientras Ricardín le mira todo sentido. Ainss, qué bonicos.

El grumetillo De la Cuadra flipado con la decisión. Yo lo estoy con la perilla de uno y la ausencia de barba del otro.

 

Noviazgo.

Pero, oh, en el presente, alguien viene para enturbiar la paz del Tito. ¿Sauron? ¿Voldie? ¿Rajoy? ¡No! ¡Un perro! El Tito, por cierto, reacciona como si fuera el tercero. En esas llegan Salodriel, Vilma y Cho y el perro corre hacia ellos, así que El Tito se pone en plan “NOOO, OS VA A MATAR, ES MALOOOO”, pero el perro es de lo más majete. Vilma se da cuenta de que lleva un collar y comenta que espera que no sea de los tíos que les dispararon. Eso, provoca que el Tito vuelva a recordar…

Siendo capitán, con su traje blanco y todo, ve a uno de los marineros escondiendo algo: el cachorritos de Scottex. Dios, qué mono, yo quiero uno. Como resulta que no ser permiten animales en el barco, El Tito le da dos opciones al marinero: renunciar o tirar al perro por la borda. ¡Pero, Tito! El pobre muchacho no quiere renunciar porque es su sueño, así que El Tito agarra al pobre perrito y lo saca por la borda hasta que el pobre muchacho le grita que renuncia. Todos le miran fatal, cosa que no me extraña. Y, por cierto, me parece fatal que semejante monada haya estado a punto de ser tirada por la borda y a Estela ni siquiera la hayan amenazado con esto. Tsk. No hay derecho.

¡Yo quiero uno!

Iba a subir una captura del Tito en plan La chaqueta metálica, pero me traumatizó mucho y encima el perrito es taaan mono.

De nuevo en el presente, Vilma señala que el pelaje del perro es muy suave. Si llevara cinco meses solo en la isla, sería la versión perruna de Bob Marley. Mientras, El Tito no deja de refunfuñar por el chino (que digo yo, qué ha hecho el pobre Cho) y por el perro, pero éste debe de pensar que amores reñidos son los más queridos porque le va siguiendo a todos los lados. Por cierto, llega un punto en el que parece El pato Donald protestando, seriously. A Vilma el asunto le hace gracia y Salodriel le cuenta que al Tito no le molan los perros, mientras éste recuerda de nuevo…

Tras el incidente del casi perrito pasado por agua, Ricardín le dice que se ha pasado tres pueblos y que rectifique, pero El Tito está subido no, lo siguiente. Eso sí, no tardan en bajarle los humos porque los marineros hacen lo contrario al “Capitán, oh Capitán” y dicen que si él sigue siendo el capitán, abandonarán el barco. El Tito se queda flipado y Ricardín lo mira como “ay, cosica”.

De vuelta en el presente, Salodriel le dice al Tito que, después de tantos años, sigue con lo mismo y que es más fácil culpar a un cachorrito que a sí mismo. A su lado, está el perro tan contento a su lado. El Tito vuelve a recordar.

Está junto a Ricardín en el bar, lamentando lo sucedido, por lo que su novio en el barco dice que no se preocupe, que hablará con los demás… y en esas recibe una llamada ofreciéndole la capitanía. En un principio la rechaza, pero El Tito le dice que lo acepte, que sería un capitán de verdad y que él necesita a alguien que le mantenga en nómina. El Capi dice que el Tito es el verdadero lobo del mar y que sólo aceptará la capitanía con la condición de que él sea su primer oficial. A mí, aquí, me falta un cura oficiando la ceremonia porque, sí, lo he dicho en tuiter y me reitero: es la boda de estos dos ^^

Tras el recuerdo de la boda, el Tito está en paz consigo mismo y con los perros y hasta le da pescado al animal y le acaricia. Muy bien, Tito, así se hace. Ser majo con animales, bien; casi tirarlos por la borda, mal.

Julián De la Cuadra, el encantador de perros del fin del mundo.

La otra trama independiente ha sido la de Ainhoa y Piti. La cuestión es que han ido a la casa que encontró Lucera, la vacacam, y han ejercido de espías. Vamos, que se han acercado escondiéndose tras cada árbol, pilar y palo. Ni que decir tiene que, mientras que Ainhoa haría temblar a la mismísima Lara Croft, el pobre Piti está que no le cabe pichón por culo, que diría mi padre.

Cuando están a punto de entrar, una alarma suena. Piti se acojona más, Ainhoa Croft dice que es una cédula fotoeléctrica y que no pasa nada; de hecho, hasta se han dejado la puerta abierta, así que se cuelan dentro. Se la encuentran vacía, llena de polvo, pero con comida en buen estado. Ainhoa Croft, al ver unos platos en el fregadero, se pregunta si serán los que oyeron en el vídeo. Piti, por su parte, encuentra… ¿Sabéis qué? ¡Efectivamente, Coca-Colas! No podía faltar Coca-Cola en un episodio de El barco, hombre que no. El padre de Estela no domina el mundo, no, lo hace la Coca-Cola.

Piti: ¡Ainhoa, mira, Coca-Colas! ¡Walaaaa!

 

Ainhoa: Hombre, Piti, eso no es tan sorprendente, ¿eh? Si en el Estrella no se acaban, encontramos en el hotel, también en el mar flotando… Si fuera Bitter Kas sí que me sorprendería.

Ainhoa, que sigue en su estela avispada (yupi), se da cuenta de que no hay fotos, ni nada personal. A Piti le da igual, porque decide quedársela y convertirla en un hogar para Vilma y Salomé. Jo, Piti, siempre pensando en Vilma en primer lugar, ainss :3 En ese momento, descubren un armario con un traje de protección dentro y Ainhoa Croft se pregunta por qué llevan máscara, incluso cree que los pueden estar envenenando.

Piti es más simple (lo sé, no es una novedad) y le dice que cree que sólo es para acojonar. En ese momento, Ainhoa escucha algo y Piti deja de hablar, aunque le llama. Asustada, va en busca de él. Lo encuentra inconsciente en una bañera, así que va a él… y descubre que llevaba la máscara y todo es una broma. Yo amo a Piti, lo sabéis, pero soy Ainhoa en ese momento y es que le ahogo en la bañera. Dios, pobrecita. Ainhoa Croft intenta hacerle ver que darse un baño en la casa de las personas que les han disparado puede ser una mala idea, pero Piti resulta muy tentador al decirle que hace meses que no se dan un baño y está muy cómodo. ¿Conclusión? Ainhoa acaba también en la bañera, para flipamiento de Piti… y supongo que de mini-Piti.

Los dos amigos tienen un momento muy mono, en el que Ainhoa deja claro que es casi imposible que se liara con Piti, xD. Eso sí, para Piti esa mínima posibilidad es suficiente, así que se pone a canturrear “Ainhoa se liaría con Piti“. Tras la broma, Piti comenta que lo que más le gusta de Ainhoa es que nunca dice un “no” y que, aunque no lo parezca, siempre está. Ella, por su parte, dice que lo que más le gusta de él es que siempre es él. Ainss, qué bonicos, ¡pero como amigos, ¿eh?! Por cierto, parece que, de paso, los guionistas presumen de que tienen un personaje que, al menos de momento, no ha sido nunca bipolar. Felicidades, ¿eh?

Y como todo lo bonito aquí no dura mucho, escuchan un ruido fuera de la casa. Ah, sí, debería comentar que, además, hemos estado viendo a un misterioso enmascarado rondando la casa. Los dos salen petados de la bañera, se visten y salen a mirar. Al acercarse a una ventana, Ainhoa Croft ve algo, así que coge la pistola y se dirige a la puerta, muy decidida, para ver al hombre misterioso. Éste intenta entrar, así que los dos hacen fuerza en la puerta y lo impiden. Al mirar Ainhoa Croft por la mirilla, no ve a nadie, así que salen… ¡Y el tío misterioso aparece tirado en el suelo! Entonces, le quitan la máscara y… ¡Es Max! ¡Hala! ¡Yupi! ¡Por fin! Joe, que tres episodios sin verle han sido demasiados, ¿eh? ¡Ay, que ha vuelto Max, lalala!

Max hecho una piltrafa. Me parece fatal que le hayan dado en la cara ù_ú

 Pero… ¡Max is back! Yey. ¡Hagamos una fiesta!

A todo esto, hemos tenido dos tramas en el Estrella Polar que han estado relacionadas. Para que todo quede claro, voy primero con la protagonizada por Gamboa. Éste se va a marchar del Estrella, así que se despide de Valeria y le pide un cuento para su hija; está tan pletórico por ver a esta que hasta admite que echará de menos a la niña, al igual que ella. Ostras, estos dos molan mucho juntos, ¿eh? No me digáis que no.

Tras despedirse, llama al submarino para poner en marcha el plan de evacuación, pero, oh, entonces descubre que le han dado el cambiazo. En serio, Rodolfo, me decepcionas, ¿eh? ¿Cómo coño no has mirado la carpetera antes? ¿Qué pasa? ¿Sólo existe una carpeta roja en el mundo? Y en ese caso, ¿no se pueden sacar los papeles de ella? Rodolfo se china un poco, así que revuelve la habitación de Burbuja y le espera para preguntarle… pero en Taylor Swift mode on. Hasta se permite el lujo de llamar idiota a Burbuja, cosa que me parece fatal. Además, si Burbuja ha demostrado ser más listo que él, ¿en qué lugar le dejaría eso, eh, eh?

Rodolfo le pregunta si se acuerda del submarino y Burbuja se lo describe… Y acaba descubriendo a la hija del langostino, que no duda en decirle que le quitarán los tubos que la mantienen viva si no les dan los papeles de la carpeta roja. También señala que, de paso, los mataran a todos. Coño, como manipulador no tiene precio, ¡menudo chantaje emocional!

No hagas daño a Burbuja, él nunca lo haría.

 Grrr, mira, Rodolfo, que me molas, ¿eh? Pero con Burbuja te estás pasando, grrr ¬¬U

Burbuja dice que tiene los papeles, aunque hay un problema: como sabía que la carpeta era mala, trituró los papeles. Rodolfo no ejerce de Tito con perilla por poco, pero le culpa de matar a todos y hasta le da el cuento que le ha dado Valeria. Ahí, dando donde duele el so mamón. Eso sí, también le dice que no se va a enfadar con él, porque le cae demasiado bien. Joe, pues para caerle bien ya intentó matarlo, ¿eh?

Ante tal chantaje emocional, Burbuja pregunta cuánto tiempo falta para que llegue el submarino porque puede recomponer las hojas usando las mates. No sé, milagros de los que hace Burbuja, que tiene un cerebro privilegia. Yo ni siquiera recuerdo mi DNI, así que ni siquiera intento entenderlo.

Vale, llegados a este punto dejamos aparcados a Burbuja y a Gamboa un momento y nos vamos con El Capi. Éste está en la sala de mandos, cuando llegan los brazacos de Palomares, bueno, con él se entiende y los dos hablan de que empieza a hacer frío. El páter bromea sobre encontrarse un centro comercial, como si a estas alturas no supiéramos que tienen uno escondido junto al SPA, los pisos y la fábrica de Coca-Cola. Entonces escuchan un ruido extraño, así que se ponen a investigar… y ven como se acercan a un iceberg. Dios, la de chistes de Titanic que se me están ocurriendo.

Palomares: Uh, como refresca, a ver si nos encontramos un centro comercial para encontrar ropa de abrigo, ¿eh? *guiño, guiño*

Capi: Que mal disimulas, Palomares… Aunque esta gente debe de sospechar ya que tenemos uno escondido, mi mujer no ha repetido modelo en cuarenta episodios…

Tras las explicaciones pseudo-científicas de Julia (básicamente que los casquetes polares se hicieron cachos y ahora flotan por el mundo), ésta se pone un poco en plan Stark. Vamos, que dice que se van a congelar de frío. El Capi está dispuesto a esquivar los icebergs y le encarga a Palomares que haga de radio macuto en la cofa. Eh, ¿he impresionado a alguien con mi conocimiento de las partes de los barcos?

El Capi está jugando a la helada versión del Asteroid y, de paso, le cuenta una anécdota sobre Ainhoa a su esposa. A ella le entra la morriña porque, en caso de que tuvieran un hijo, no podrían enseñarle muchas cosas. El Capi la anima, pero entonces se da cuenta de que hay un punto en el radar que se mueve, girándose, así que deducen que es el barco francés. Por eso, intenta contactar con ellos, pero nada. Julia, entonces, le pregunta si le ha contado la verdad al Tito y El Capi reconoce que no puede hacerlo, que le falta valor.

Sigue sorteando icebergs, lo que le hace recordar a su esposo porque, se supone, que El Tito navega mejor que él. Como El Capi señala que eso es otra atracción del nuevo mundo, Julia saca el tema de tener hijos… Y en ese momento aparece Valeria, que lo ha escuchado todo y quiere saber si va a tener un hermanito. Tras las caras de circunstancias, le explican la historia de la cigüeña y Julia le pregunta a la niña si le haría ilusión tener un hermanito. Valeria dice que sí, pero que prefiere una niña, porque para niño ya tiene a Ratón. Julia comenta que, por ella, lo encargaría ese mismo día. Ay, maja, ya sé cómo te quieres calentar tú, ¿eh? No, si de tonta ni un pelo.

Cara de circunstancias. Muy grande.

Justo entonces, El Capi y Julia se dan cuenta de que el barco se mueve demasiado deprisa, así que deducen que es el submarino del Proyecto Alejandría. Además, los cristales del Estrella se han congelado, así que navegan a ciegas, mientras el submarino se sigue acercando. Y, claro, los últimos van impulsados por dos reactores y ellos con vela, así que tampoco pueden huir. Julia señala que el submarino podría hacerse invisible al radar si quisiera, como cuando se llevaron a Burbuja y al Tito, así que El Capi se pregunta por qué quieren que les vean en ese momento.

Esquivan otro iceberg con Palomares guiándoles, cuando éste ve algo que le deja flipado: ¡El Muro! A ver, chicos de la guardia de la noche, idos preparando que va a llegar Estela y vais a mandar los votos a la mierda. El Capi, que se concentra mejor que yo… al menos a veces, dice que el submarino les alcanzará antes de que puedan bordear el barco. Julia explica que, si querían destruirlos, podrían haberlo hecho con sus torpedos, así que están buscando a algo o a alguien… En ese momento, llega Valeria para preguntar si puede hacer una fiesta de despedida para Rodolfo y les cuenta todo.

Me gusta imaginarme que por ahí está Jon Nieve. ¡Hola, Jon!

Mientras tanto, Burbuja y Rodolfo han recompuesto los sesenta y pico folios (eh, ni McGiver, chavales), lo que provoca que Rodolfo se sorprenda de que lo hayan hecho. Burbuja señala que, en realidad, Gamboa sólo ha cortado celo, que es cierto. Pero la gracia que me ha hecho ha sido brutal. Rodolfo le pregunta qué significan los números porque para él sólo son eso, números, y Burbuja señala que con los números ocurre lo mismo que con las hormigas, que millones pueden destruir el mundo.

A Rodolfo tamaña lección se la pela, se va a ir. Burbuja le detiene porque nadie puede salir del Estrella sin permiso del Capi, pero Rodolfo se sale por la tangente diciendo que la última vez que intentó hablar con El Capi, éste le disparó. Mmm, maticemos un poco, Rodolfo, amigo mío, te pegaron un tiro justo por lo contrario: por callar. En ese momento es cuando aparece Capinaitor, pipa en mano, apuntando a Rodolfo y amenazándole con disparar si no le cuenta qué tiene que ver la carpeta con que el submarino esté a punto de abordarlos.

¡Capinator!

Rodolfo se niega a responder, pero Burbuja les explica lo de la hija, para estupefacción de los otros dos. Al Capi se le nota en la cara que ha cambiado de parecer sobre Rodolfo. Entonces, le ofrece lo siguiente: si le jura que confía absolutamente en que los del submarino no les van a hacer nada, puede llevarse la carpeta, pero que, primero, piense en si es lo mejor. El Capi dice que, una vez entregada la carpeta, las vidas de ninguno (incluida Evelyn) no valen nada, algo que debería tener en cuenta. Joder, Capi, últimamente estás que lo bordas.

Al final, Rodolfo decide no entregar la carpeta, por lo que Capinaitor coge el teléfono y le aclara al Chunguito Gafapasta que tienen la carpeta y que no tienen intención de entregársela. Y, en cero coma, descubren que el submarino acelera y va directo hacia ellos. Rodolfo está en plan depresivo, pensando en el abordaje, cuando Valeria le da un dibujo de los dos y le dice que le echará de menos, entre otras cosas. Al final, le da un besito, todo cariñosa, y, entonces, Rodolfo se viene arriba. Le dice al Capi que la única solución es esconder el barco en la grieta del hielo porque el radar sólo leerá el bloque, no el barco, así que pasarán de largo.

El Capi insiste en que, aunque El Tito podría hacerlo, él no, pero Rodolfo insiste en que es la única opción que tienen, así que le pregunta a Palomares si cabrían. El páter, en primer lugar, flipa (no es de extrañar), pero luego dice que sí. Así que, hala, a meterse en la grieta. ¡Y lo logran! ¡Yupi! Bueno, ahí no acaba la cosa, porque tienen que avanzar dentro de la grieta de hielo, aunque, eso sí, descubren que el submarino se ha pasado. Pero, bueno, no preocuparse que, al final, con la ayuda de Palomares y Rodolfo, El Capi logra sacar al Estrella del hielo.

Rodolfo Langostino: Oh, dios mío, con este cacho de hielo voy a conquistar el mundo de los congelados. Y con este abrigo que ha en

contrado Palomares *guiño, guiño* soy el tío de los congelados definitivo… ¡Rodolfo Pescanova!

El submarino sigue parado al otro lado, esperando, hasta que, de repente, se marchan, seguramente creyendo que el Estrella se ha estrellado. Joe, menudo juego de palabras más malo me ha salido sin querer. Además, El Capi le promete a Rodolfo que encontrarán a su hija y, también, le pide a Burbuja que descifre el contenido de la carpeta.

Y eso ha sido todo por esta semana. El próximo promete muy, mucho porque A) ¡Maxnoa! ¡Yey! =D; B) flashbacks del primer Capi; C) Ventura habla; D) Julia conocía a Roberto, ¡y estaba liada con él… aparentemente!; E) Piti, con lo poco valiente que es, se hace pasar por Gamboa para salvar a Vilma… y, sí, al resto de paso.

Chuleta de motes

Como sé que para muchos es la primera vez que leéis estas crónicas y que el proceso mental que me lleva a crear un mote es retorcido, extraño y demás, he decidido adjuntar una chuleta para que sepáis cuáles son los motes de ciertos personajes y a qué vienen ;)

Ainhoa y Ulises: Los pongo juntos porque estos también son como los yogures, vienen en pack. Con sus idas y venidas amorosas, les he bautizado de varias maneras, Los tórtolos, Los amantes de Teruel (tonta ella y tonto él) y siguiendo ese proceso, pues al final se quedaron con Tonteo y Lerdieta.

Capitán Montero: Bueno, a Ricardo siempre le he llamado Capi porque le tengo mucho cariño y por lo evidente, of course.

Gamboa: A Gamboa siempre le he llamado Rodolfo Langostino. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque soy tan tonta que cuando escuché “Gamboa” por primera vez me dije: ostras, si le quitas la “o” se queda en Gamba… Una gamba en un barco con acento… ¡Rodolfo Langostino! Que conste que le llamo así porque le tengo mucho cariño al personaje, pese a ser el malo maloso.

Julián De la Cuadra: Yo siento devoción por este hombre, en serio, me encanta y me gusta verlo en plan tío de Ainhoa y Valeria, así que de ahí saqué el mote.

Max: A Max le puse mote (Max Lenguadeplata) hace relativamente poco, tras darme cuenta de su asombrosa habilidad para inventarse cuentos chinos que encima los demás se creen (las manos de pianista de Ainhoa, lo de que trabajaba como pianista…) y recordé a la protagonista de La materia oscura y me pareció muy adecuado ponerle el apellido que se gana Lyra por contar la misma clase de historias.

Salomé: Si no habéis visto La comunidad del anillo, os diré que empieza con la voz de la elfa Galadriel diciendo “El mundo ha cambiado, lo siento en el agua, lo siento en la tierra, lo huelo en el aire”, así, como con mucho misticismo, epicidad y demás. Pues bien, hubo un episodio en que Salomé se puso en ese plan y desde entonces, y porque la mujer suele ser muy sabia, la llamo Salodriel.

Sandra: Bueno, a esta mujer la llamo La carpetera saca-ojos, ¿por qué? Básicamente por la escena en la que debutó, vamos, esa de hace dos episodios en el que una histérica chunga amenazó a Ainhoa con arrancarle los ojos si se acercaba a Ulises. Creo que no hacen falta más explicaciones, ¿no?