Zona El Barco

Análisis del 3×09 de El Barco: Bobbys, un mapa y un barco sin Sol


Tras los trágicos acontecimientos del anterior episodio, llega un nuevo día en el noveno capítulo. Todo el mundo busca a Sol, aparentemente desaparecida y huída de regreso al YouHao. No obstante, estas mentiras de Gamboa no son bien recibidas por Palomares, quién decide hacerle frente.

“Cuanto silencio. Al principio me gustaba pero ahora reconozco que echo un poco de menos el ruido, como Madrid en hora punta. El ruido de los coches, de las sirenas, de los perros, de la gente saliendo de los bares fumando. Me hacía sentir como en casa.”

Así, mientras todos buscan respuestas y Piti mueve el mundo por dar con su amiga, Burbuja hace un desgarrador hallazgo: Otro oso Bobby. No puede ser casualidad.

Todo esto y mucho más, en el siguiente análisis de “La energía que mueve el mundo”.

¿Dónde está Sol?

Sol nunca volvió a su cuarto. No volvió a su cama, con sus amigos. No regresó. Esto ha hecho que toda la tripulación la busque pero el capitán está seguro de que si se ha caído al agua, no la encontrarán. Piti, desesperado, intenta hacerle virar y buscarla sin cesar pero Sol no aparece. Además, Gamboa les informa de que una de las balsas de salvamentos ha sido soltada por lo que es probable que la chica hubiese puesto rumbo al edificio. El problema radica en que no hay baliza que detecte tal balsa por lo que no es posible localizarla.

“No vamos a ir a buscarla porque ahora que tenemos la tierra delante, le da igual a quién dejemos atrás”

Esa misma noche Piti decide partir y tomar la corriente marina, pues le llevará al mismo punto donde se supone que estaría Sol pero Vilma y Ainhoa le detienen y le hacen razonar: A esas horas no verá nada en la oscuridad, si espera a mañana, le ayudarán a partir.

“Yo no sé que hay después de la muerte. Me gusta pensar que nos espera un mundo mejor, un Dios que distinguirá lo bueno de lo malo. Que comerá patatas fritas con mahonesa y escuchará canciones de Bob Dylan. Un dios que no permitirá que una chica de 21 años se la trague el mar.”

A la mañana siguiente, las chicas ayudan a Piti con los preparativos para su travesía individual pero una relevante visión frena sus planes: Una balsa flota en el agua. Cuando los chicos la recuperan, descubren que está vacía y que no ha sido ingerido ninguno de los alimentos. Tampoco las bolsas de agua. Es como si Sol nunca hubiese pisado esa balsa. No hay posibilidades, no está viva. Piti se niega a creer la cruda realidad y se aferra a la cámara que lleva flotando en el mar desde que la soltaron. Confía en que haya una mínima esperanza.

“La he visto Vilma. La he visto 3 veces en la última media hora: La primera era un atún, la segunda la espuma de una ola y la tercera el brillo del sol en el agua”

Vilma se queda con su amigo e intenta hablar con él, haciéndole ver que por más que sueñe, son solo sueños y el regreso de Sol es otro sueño más. No volverá. Debe de aceptar que lo que quiere, no volverá igual que la tierra y su vida anterior tampoco regresaran. Al final del capítulo, Piti deja la bodega entre lágrimas y con el corazón en un puño, justo antes de que la cámara haga un revelador hallazgo.

“Tienes que despertar y empezar a asumir que Sol se ha ido. […] Sueña el tiempo que necesites pero no te olvides que te necesitamos despierto”

Un amigo de verdad

Burbuja ha descubierto a Max con el oso Bobby de Valeria. El recién llegado el pide al hermano de Salomé que guarde silencio pero Burbuja hace referencia a los amigos y a que no se debe mentirles. Esto lleva a Max a preguntarle algo a Burbuja: ¿No se acuerda de él? ¿De su amigo? En un nuevo viaje al pasado, por primera vez de uno de los nuevos protagonistas de esta temporada, descubrimos que Roberto era el profesor de Max y también de su novia, Natalia, en la universidad. Tras un desplante en mitad de la clase que concluye con la reflexión de Roberto sobre la energía que mueve el mundo (el amor), el hombre pide a Natalia que le espere y le hace una oferta irremplazable: Una beca millonaria con la duración de 5 años en Ginebra. Una oportunidad de ser partícipe del acelerador de partículas.

“Llevamos juntos 2 años, o sea, 730 días, 17.520 horas, 1.051.200 minutos, 63.072.000 segundos haciéndome feliz. Te quiero, Natalia”

De vuelta al presente, Burbuja se va a jugar con Ratón, uno de los infiltrados, pero cuando van a jugar el pequeño saca de su mochila un oso de peluche igual que el de Valeria. En un principio Burbuja piensa que es casualidad pero cuando Ratón le revela que el nombre del muñeco es Bobby, el hombre se da cuenta de que algo no encaja.

Así es que momentos después se reúne con Max y ambos intentan dar con respuestas: Hay 3 osos Bobby pues el tercero lo tenía el niño del barco ruso. 3 osos iguales, 3 nombres iguales: Es un patrón. Además, ya en el nuevo cuarto de Max, ambos perciben que el Bobby de Ratón pesa más de lo normal y el de Valeria está cosido en su parte trasera. Hay algo dentro.

Max logra incitar a Burbuja a averiguar que es y dan con una cápsula de acero que contiene un papel relevante: El mapa de la isla, la única isla en pie de todo el planeta. ¿Pero dónde está el mapa del Bobby de Valeria? Dos meses atrás Leonor, cuando escondió la falsa carta de Marisa, debió de haberse hecho con el documento y facilitado a sus superiores. Max finaliza revelándole a Burbuja que él fue el encargado de preparar los osos de peluche. ¿Recordará Roberto?

 

En otro flashback, Max convence a Natalia de que acepte la beca con la mentira de que él también la ha recibido. La chica accede pues así no le pierde pero Max acude a su profesor y le explica la situación: Necesita la beca a pesar de sus suspensas notas. Intentando convencer a su profesor, Roberto descubre que en la mesa de su clase hay oculto un micrófono. Al otro lado se encuentra Philippe, quién investigaba al profesor tras este haber preparado individualmente sus propios planes. Roberto incluye a Max en su equipo no sin antes asegurarle que en Ginebra les espera algo mucho peor.

Andrés Vs. Ernesto

Gamboa no se lo está poniendo fácil a nadie tras el crimen que cometió. Ya ha recuperado la vista por completo y no es necesario emplear parche alguno. Faltándole el respeto a todo el barco, la misma noche que lanza a Sol al agua, queda con Estela en su camarote y pone la música a todo volumen. Tras dos intervenciones del capitán, Gamboa apaga la radio poniendo en discusión la autoridad del capitán.

“Un dios que obligará a los asesinos a pasar por el ojo de una aguja y que se asegurará en su misericordia infinita de que la maldad no campe a sus anchas.”

Todos se resignan y se hacen a la idea de que Sol se ha ido, pero Palomares, al observar la actitud de Ramiro, descubre que la fuga no es más que una de las tantas mentiras de Gamboa. Su amigo ha encontrado el collar de Sol en el aula, último lugar que pisó la joven. Aunque Ramiro intenta frenar a Palomares, el chico se desespera y alcanzando un cuchillo, pone rumbo al cuarto de Gamboa. Allí se produce un duro enfrentamiento entre ambos en el que el profesor le detalla como acabó con la vida de su compañera. Tal conflicto será roto por De la Cuadra, que envía al joven a la sala de maquinas. Gamboa recupera el cuchillo y ataca brutalmente a Ramiro, advirtiéndole que si ha de matar a Palomares, lo hará.

“Supongamos que yo soy el malo de la película. Supongamos que con la excusa de una examen me quede a solas con ella y supongamos que la inmovilicé rodeándole su cuello con mi antebrazo derecho y que estuve 40 segundos oprimiéndole la yugular evitando el riego de sangre a su cabeza.”

Y Gamboa cumple su amenaza. Encierra a Palomares en la sala de máquinas mientras este arregla la manilla y el tiempo que le queda comienza a restar. El CO2 empieza a inundar la sala, evitando que el cura respire. Tras unos intensos momentos en los que el joven pierde el conocimiento, Julián y Ricardo, este último haciéndose daño, logran sacar al joven.

Sin embargo, Palomares, seguro del papel de Ernesto en el “accidente” en la sala de maquinas, vuelve a enfrentarse a él, en esta ocasión en el combate de boxeo que De la Cuadra ha organizado. Unos cuantos golpes y varios dientes de Julián después, Andrés se pelea con Gamboa, logrando la victoria y culminando la victoria no con un golpe final sino con un susurro al oído: Que Dios te perdone.

42 días de vida

En mitad de la noche, Salomé descubre a Cho deambulando por las bodegas linterna en mano. El joven está preocupado por un ruido que ha escuchado y guiados por el sonido, la pareja haya a Ventura con su nieto Ratón en brazos. Llevan allí desde que el Estrella partió. ¿Por qué no esperar a que el barco volviese a por los supervivientes?

“Ya tengo 80 años. He sobrevivido a una guerra mundial, a un cáncer de colón y a 2 matrimonios. Ya he vivido lo que tenía que vivir. Antes de que se me acabe la batería, quería poner a salvo a Ratón en tierra firme”

Ventura no tiene tiempo. Es diabético y solo posee 6 unidades de insulina. No podrá vivir para siempre. Lamentablemente, la confesión a Salomé y Ricardo es escuchada por su nieto y este rompe a llorar. El anciano acompañado de la cocinera del Estrella le ayuda a razonar con el niño pero Ratón no accede a perdonarle hasta que interfiere Valeria.

“Mi mamá se fue a un millón de millas y no le pude decir adiós ni darle un beso. Su abuelito está aquí y debería de darle todos los besos del mundo”

Más allá del océano

Antes de hallar la balsa salvavidas, Ainhoa y Vilma prepararon una cámara sobre una plataforma flotante para seguir a Piti y de esta manera saber en cualquier momento como está. Tal cámara sigue su paseo por el enorme océano aunque llega a su destino justo después de que Piti abandone la sala desde dónde la vigilan. Esta llega a tierra y allí, una persona de negro la recibe. La isla que buscan no está deshabitada.

“La voy a encontrar, lo juro. De esto nos vamos a reír los cuatro, en la playa”