Allí, a poco menos de un día estaba la esperada tierra, desde donde estaban situados con el barco no se veía claramente que era tierra, pero eso mismo marcaba el radar. Ainhoa abrazó con todas sus fuerzas a Ulises, los dos estaban emocionados, después de tanto tiempo a la deriva, por fin habían encontrado tierra.

-Bueno, queda poquísimo para llegar a tierra, ¿estás preparada? –Dijo Ulises acariciándole el pelo y poniéndoselo detrás de la oreja.

-¡Pues si te digo la verdad, preparada no estoy! No me esperaba para nada encontrarla tan rápido… Pero sí que tenía ganas, sí… -Le respondió Ainhoa poniendo su mano en la cara de Ulises.

-Bueno… Si quieres nos quedamos esperando a que estés preparada ¡eh! –Dijo él sonriendo.

Ainhoa empezó a reír, estaba ansiosa por llegar a tierra, tenía curiosidad por saber cómo era, si era grande, pequeña, había gente, plantas, edificios o simplemente era arena toda la isla de arena. Ulises la miró con una gran sonrisa, su felicidad dependía gran parte de Ainhoa: si ella era feliz, él también lo era, y al verla así más contento estaba.

-Bueno, ¿y qué piensas hacer cuándo bajemos? –Le preguntó Ainhoa que se sentó encima de la mesa del puente de mandos.

-Cuando toque tierra me voy a estirar en la arena y relajarme hasta dormirme, la echo tanto de menos… ¿Y tú, qué es lo primero que harás? -Dijo Ulises acercándose a Ainhoa.

-Pues yo no tengo ni la menor idea, supongo que me pondría a correr en la orilla hasta que me cansara, recorrerla todo lo que pueda, quiero sentir mis pies descalzos sobre la arena mojada, ¡tengo muchas ganas de llegar! –Dijo ella, bajándose de allí y subiéndose a los hombros de Ulises. –Bueno pues te ordeno que me lleves a tierra ya, capitán.

-¡Para el carro, chivata! De aquí no te mueves tú hasta que me digas “Te quiero, eres el mejor capitán que ha existido”. Si no lo dices, te voy a castigar y no vas a tocar tierra y nos alejaremos de estas coordenadas, así que tú misma… -Dijo él para hacerla rabiar.

Ainhoa se acercó a su oreja y le susurró –El mejor capitán que ha existido es mi padre –Dijo haciendo una pausa. –Pero el mejor novio eres tú y con mucha diferencia… Te quiero mucho, capitán.

Pusieron el barco rumbo a tierra, mientras ellos preparaban las cosas que iban a bajar, la tienda de campaña, las mochilas con agua y comida, y cosas que les fuesen útiles en tierra. Cuando acabaron no tenían nada que hacer, tan solo esperar. Los dos estaban muy nerviosos querían llegar cuanto antes allí. Ainhoa iba a subir al puente de mandos para enviar una señal al Estrella diciéndoles que habían encontrado tierra. Ulises la paró.

-¡Eh eh eh eh! ¿Dónde te crees que vas? No les digas que hemos encontrado tierra aún, déjame disfrutar más tiempo a solas contigo, por favor. Cuando les llamemos volveremos a encontrarnos todos y ya sabes, no tendremos paz para nosotros, ya me entiendes ¿no, chivata? –Dijo Ulises cogiéndola del brazo y acercándola a ella.

-Pero Ulises, ya les dijimos que cuantito que encontráramos tierra que les avisaríamos, aunque tienes razón, yo también quiero disfrutar de más tiempo a solas contigo… -Le dijo Ainhoa dándole un besito en la mejilla.

-Entonces todo dicho, ¿qué te parece que estemos solos una semana y después ya si eso les llamamos? –Le preguntó Ulises.

-Perfecto! Pero entonces… Quiero disfrutar al máximo estos pocos días que nos quedan de paz y libertad… -Le dijo Ainhoa poniendo su mano junto a la de Ulises.

-Te prometo chivata, que va a ser la mejor semana de tu vida… que eso no te quepa la menor duda. –Le dijo Ulises caminando rápidamente hacia las duchas.

Ainhoa le persiguió, Ulises estaba escondido detrás del cristal de las duchas, ella le vio entrar y cerró las dos puertas para que no pudiese salir. Hizo como si le buscase por todo el vestuario, en los baños, detrás de las picas, en la parte de al lado de las taquillas. Ainhoa sabía que estaba escondido allí se dirigió para las duchas y le dio un susto. Este la cogió por la cintura y la puso debajo mojándola. Ainhoa consiguió bajar, estaba empapada empezó a correr por todo el barco, escapando de Ulises, corrió hasta el camarote tirándose en la cama. Cuando él llegó se estiró encima de ella dándole besos en el cuello. Estuvieron haciéndose cosquillas y jugueteando, haciendo le amor toda la tarde-noche.

Al día siguiente estaban a poco menos de treinta minutos de tierra, ya estaban preparados, lo tenían todo listo, la tierra parecía desértica, no se veía ni un árbol, solo arena, arena, arena y más arena y a lo lejos océano. Era muy pequeña aquella isla, pero para ellos dos solos y con la cantidad de comida que tenían de reserva no les preocupaba.