Capítulo 4

–¡Ni te atrevas a decirlo! -le interrumpió, un poco enfadada-. Todos en este barco tenemos razones para estar tristes, todos, pero seguimos para adelante.

–El problema, es que ya no sé que más intentar Salomé -dijo con un hilo de voz.

–¿Has hablado con ella?

–Sí…

–Con una vez no basta, tienes que seguir intentándolo, hasta que se canse.

–He hablado con ella, hasta el cansancio, esto ya parece una película de risa, cada vez que me ve -suspiró, no sabía si continuar, o directamente romper a llorar.

–Cada vez que te ve… ¿qué? -dijo la cocinera mientras levantaba la mirada y se encontraba con la de Ainhoa, que había estado al corriente de la conversación.

–A veces la encuentro distante, otras muy cerca… A veces la busco, y ella me busca. Pero nada. Nada cambia, todo sigue igual.

–¿Te doy un consejo? No te rindas, nunca sabes cuando las cosas pueden cambiar –decía a la vez que se levantaba y miraba a Ainhoa, mientras a Ainhoa se le caía una lágrima.

Una vez Salomé había salido de la cocina, Ulises se apoyaba en la mesa, con los brazos cruzados, intentando no llorar.

Ainhoa nunca había visto a Ulises así… cogió aire por la nariz, se secó las lagrimas, y entró a la cocina sigilosa y le dejó la cámara encima de la mesa con una nota, y salió sin que este se diera cuenta, porque estaba sumergido en sus pensamientos. Cuando alzó la vista, vio la cámara con una nota, en la que aparentemente se veía: “PARA ULISES. PD: leer cuando estés solo”.

No sabía de dónde podía a ver salido su cámara, porque la cámara estaba… no recordaba donde la había dejado.

La noche llegó y todos los tripulantes del Estrella estaban acostados, excepto cuatro.

Ainhoa, no podía conciliar el sueño… porque ya había dormido y estaba ansiosa por saber si el polizón había leído su nota.

Ulises, que seguía pensando donde había dejado la cámara, y quien la podía haber cogido, mejor dicho, de donde la había sacado. Pero seguía sin leer la nota, no estaba preparado para saber lo que decía la nota.

Julia, que estaba en su camarote, mirando el techo, pensando.

Y el Capitán que había salido de nuevo a cubierta a tomar aire fresco.